Una salud de hierro pese a 50 años de embargo. Dos científicos de EEUU reivindican las bondades del sistema sanitario cubano

Ahora que EEUU ya tiene sobre la mesa un plan para reformar su sanidad, puede que sea hora de mirar al enemigo castrista y aprender algunas de las lecciones que han permitido a la sanidad cubana mantenerse en pie tras 50 años de embargo económico estadounidense. Ayer, dos científicos de la Universidad de Stanford repasaron en las páginas de la revista Science las claves del milagro caribeño. El Mundo.

Una buena red de centros de atención primaria y una educación enfocada sobre todo hacia la prevención son dos de los pilares que, a juicio de Paul Drain y Michele Barry, han permitido a Cuba disfrutar de una sanidad «comparable a la de algunos países desarrollados». Sus pretendidas bondades, tan amplificadas por el régimen castrista como denostadas por sus detractores, han hecho correr ríos de tinta desde hace años. El de Drain y Barry es el último de una larga lista de análisis que trata de explicar -con datos en la mano- cómo la isla ha conseguido paliar las estrecheces materiales impuestas por el embargo estadounidense, que cumple medio siglo en 2010.

«En 2006, el Gobierno cubano gastó unos 268 euros per cápita -alrededor del 7,1% de su PIB- en sanidad», explican los dos especialistas en Ciencias Sociales. Una cifra muy inferior a los 1.800 euros que invirtió España en el mismo año y aún más lejos de los 5.000 de los que disfruta cada estadounidense. Pero Cuba tiene la mejor esperanza de vida (78,6 años), la mayor densidad de médicos (59 por cada 10.000 habitantes), el índice de vacunación más elevado y las tasas más bajas de mortalidad infantil de todos los países de América Latina y el Caribe.

Como explica a EL MUNDO Joan Carles March, especialista de la Escuela Andaluza de Salud Pública, los médicos cubanos -«incluso los que son críticos con el régimen»- son «gente muy activa, con unas enormes ganas de innovar, saber y estar en contacto con otros profesionales». Según March, participante en la Red Latinoamericana de Marketing Social en Salud, este impulso, sumado a un «brutal plan de formación», ha permitido a la isla suplir las limitaciones materiales.

A juicio de los científicos de Stanford, el éxito del modelo cubano radica en diversos tipos de policlínicas muy cercanas al ciudadano. «Educando a la población en la prevención de enfermedades, [han logrado] una menor dependencia del suministro de fármacos, al contrario que en EEUU, muy dependiente de fármacos y alta tecnología para mantener una población sana, a un coste muy elevado», rematan.

Hasta 1983, explican los autores, el embargo apenas se notó debido al respaldo de la URSS. Con el colapso soviético, la isla empezó a resentirse, la ingesta de calorías entre los adultos se redujo un 40%, los nacimientos de bebés con poco peso crecieron un 25% y la tasa de cirugías se redujo un 30%. Así que, añaden, «las sanciones han tenido consecuencias puntuales, pero graves».

En clave doméstica, los especialistas se plantean que tal vez sea hora de copiar algunas de las bondades de la sanidad cubana. «Puede haber oportunidades para aprender de la isla a la hora de desarrollar una verdadera sanidad universal. Adoptar algunas de sus políticas sanitarias podría ser una buena manera de empezar a normalizar las relaciones».