The Washington Post publica un artículo sobre Cinco antiterroristas cubanos presos en Estados Unidos

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¿Se rompió el silencio? Por primera vez desde que los Cinco fueron encarcelados en los Estados Unidos hace ocho años, uno de los principales periódicos de la gran prensa norteamericana hace un análisis del caso.

Los cubanos encarcelados en EEUU como espías son homenajeados como héroes en casa. Manuel Roig-Franzia Washington Post. Junio 3, 2006 

La Habana—Los europeos envían a su casa desde aquí tarjetas turísticas con estampillas que tienen las imágenes de cinco caras, conocidas simplemente como “los muchachos” o “los cinco”. Las caras enormes, rodeadas por oleadas de banderas cubanas, miran fijamente desde las paredes de las fábricas, de los edificios de apartamentos y de las vallas.

Los Cinco son héroes en Cuba, pero los exiliados en los Estados Unidos, donde los Cinco están cumpliendo largas sentencias carcelarias, los consideran maleantes.

Su caso, que fue enmarcado en los medios noticiosos de Miami como “espías contra espías”, como si fuera asunto de la época de la Guerra Fría, ilumina la puja que involucra a Cuba, al gobierno de los Estados Unidos y a los grupos de exiliados cubanos de la Florida. También plantea preguntas espinosas de las matices del terrorismo y del espionaje internacional.

Los funcionarios estadounidenses tienden a pintar a los agentes cubanos como infiltrados, determinados a desestabilizar a la seguridad nacional de EE UU. Pero el gobierno Cubano afirma que son hombres valientes, enviados a los EE UU a investigar conspiraciones de los grupos de exiliados cubanos contra el Presidente Fidel Castro.

Desde que fueron sentenciados los Cinco, el alcance de la maquinaria de inteligencia de La Habana, descrita por el ex analista sobre Cuba de la CIA, Brian Latell como “entre los cuatro o cinco mejores del mundo” —se ha hecho aún más visible. En el 2002, fue condenada de conspiración para cometer espionaje para Cuba, Ana Belén Montes, una analista para asuntos cubanos en la Agencia de Inteligencia del Departamento de Defensa (DIA). El año anterior, un oficial de inmigración de EE UU de alto rango, fue condenado de divulgar información clasificada a Cuba. En enero, un veterano profesor en Florida Internacional University y su esposa, una consejera de salud mental en esa Universidad, se declararon inocentes a cargos de que actuaron como espías para Castro.

Sin embargo, ninguno de estos casos ha generado tanto debate como el de los Cinco Cubanos. Hay una oleada de apoyo para los cinco agentes, por parte de algunos grupos liberales y personajes famosos estadounidenses, incluyendo Alice Walter, la autora del Color Purple, el actor Danny Glover y el autor Noam Chomsky. Un grupo en San Francisco mantiene una página web llamada el Comité Nacional para Liberar a los Cinco (www.freethefive.org). El Consejo de la Ciudad de Detroit aprobó una resolución en marzo, pidiendo su liberación, en la que afirma que los agentes estaban tratando de prevenir el terrorismo en contra de Cuba.

El clamor por su liberación cobró fuerza en agosto pasado, cuando un panel de tres jueces del Tribunal de Apelación del Onceno Circuito en Atlanta, revocó las condenas y ordenó un nuevo juicio, argumentando la “tormenta perfecta” de prejuicios en el bastión del exilio cubano de Miami. Esa decisión está ahora bajo revisión por el tribunal entero.

En una reciente entrevista, Ricardo Alarcón, el presidente de la Asamblea Nacional de Cuba y el tercer político más poderoso en la isla, después de Castro y su hermano, Raúl, describió el trabajo de los agentes secretos como parte del derecho de una nación soberana a defenderse. Dijo que Cuba es una víctima del terrorismo, una nación bajo la amenaza de la violencia.

Alarcón dice que cientos de ciudadanos cubanos han sido asesinados en ataques terroristas desde que Castro asumió el poder en 1959 y recordó vallas que decían: “Iraq ahora, Cuba después” en las manifestaciones de Miami antes de la invasión estadounidense a Iraq en el 2003.

En respuesta a la pregunta de si Cuba continuará enviando agentes a los Estados Unidos, Alarcón cambió del castellano al inglés y dijo enfáticamente: “Sí, con un una S mayúscula”.

La Red Avispa

José Basulto, el fundador de un grupo anti-Castro de Miami, recuerda un joven llamado Rubén Campa, que se dejaba ver en el aeropuerto donde Basulto mantenía a sus aviones en los años 90. Los aviones estaban siendo utilizados para salvar vidas de refugiados cubanos varados en el mar entre la Florida y Cuba, y para lanzar panfletos anti-Castro en La Habana, una táctica que enfureció al gobierno cubano.

Campa era rápido para “hacer amistades y montarse en el tren”, recordó Basulto, y pronto estaba volando misiones para el grupo, Hermanos al Rescate. Después del arresto de los espías en septiembre de 1998, Basulto dice que se enteró de que Rubén Campa era un alias robado de un difunto niño tejano, y que el nombre verdadero del recluta era Rene González. González y otros nueve fueron arrestados y acusados de operar la Red Avispa, que, según los fiscales, estaba espiando contra bases militares estadounidenses y grupos del exilio cubano.

Eventualmente, fueron acusados cuatro más, sumando 14. El proceso fue uno de los más largos casos de espionaje en la historia de los Estados Unidos. También tres meses después del arresto inicial, tres diplomáticos cubanos en las Naciones Unidas fueron expulsados por su supuesta relación en la red de espionaje de Miami.

Cinco de los apresados admitieron culpabilidad. Cuatro otros son fugitivos, pero González y los otros conocidos como “Cinco Cubanos”—Gerardo Hernández, Antonio Guerrero, Ramón Labañino y Fernando González—han rechazado los cargos. Los años previos a los arrestos habían sido especialmente tensos.

En 1997, ocurrió una serie de sabotajes con bombas en los hoteles de La Habana. Un turista italiano fue asesinado. El gobierno cubano sospechaba que los grupos exiliados de Miami estaban involucrados en los ataques para tratar de descarrilar la creciente industria turística cubana. En aquel entonces, el gobierno cubano veía a Basulto, un operativo entrenado por la CIA, como una amenaza. En 1961, había lanzado un cañonazo desde una embarcación en las afueras de La Habana y había hecho blanco en un hotel.

Alarcón comentó que en el verano de 1998, oficiales de la inteligencia cubana le entregaron un paquete de documentos, que contenían sus inquietudes, a los agentes del FBI durante una reunión en La Habana. Poco después, anunciaron en Miami los arrestos de la Red Avispa. Alarcón estaba furioso.

“Le dispararon al mensajero”, recordó Alarcón que fue lo que pensó en ese momento, argumentando que los Estados Unidos había traicionado a Cuba. Un ex-fiscal de EE UU, Guy Lewis, quien estaba encargado del proceso de los Cinco, dijo en una entrevista que uno de los agentes trabajaba como mecánico en la Base Naval Aérea de Cayo Hueso y que el otro contaba los aviones desde su apartamento cerca de la Base Aérea de MacDill en Tampa, la cual coordinaba las operaciones militares del exterior.

“Está claro”, dijo Lewis, “que los servicios de inteligencia cubanos mantienen un grupo de agentes muy bien entrenados, organizados y financiados.”

El Juicio en Miami

Mientras que los Cinco esperaban el juicio, los exiliados de Miami estaban alborotados con el caso de Elián González, un niño de 6 años que encontraron en las afueras de la costa de la Florida, después del naufragio de la embarcación que lo traía de Cuba. Su madre y otros 10 refugiados murieron. Siete meses después de que González regresó a Cuba con su padre, comenzó la selección del jurado en Miami para el proceso de los Cinco, a pesar de las objeciones de los abogados defensores quienes argumentaron que un juicio justo sería imposible en Miami poco después del caso de Elían, que había inflamado a una ciudad repleta de exiliados cubanos.

Los miembros del jurado escucharon el testimonio de seis meses de mensajes codificados a Cuba y nombres en código. La defensa argumentó que los acusados debían ser liberados porque no recaudaron ninguna información clasificada y no penetraron en áreas limitadas de las bases militares. Los fiscales respondieron que merecían las condenas porque no se habían inscritos como agentes extranjeros y su intención era recolectar información sensible en Estados Unidos.

El jurado, que no incluyó a ningún cubano-americano, condenó a los Cinco. Hernández fue sentenciado a cadena perpetua con cargos de cometer homicidio por haberle avisado a Rene González y a otro espía cubano de no viajar con Hermanos al Rescate el día que los militares cubanos derribaron a dos de los aviones del grupo, en 1996, que causó la muerte a cuatro de sus miembros. El diario del Estado, Granma, respondió con un editorial de primera página titulado: “Comportamiento heroico en las entrañas del monstruo”.

“Hipócritas”

Una tarde reciente, en un vecindario detrás del desgastado complejo deportivo José Martí en Centro Habana, Antonio Lagé caminaba entre niños que jugaban bajo una valla en un edificio de apartamentos que, como tantos otros en La Habana, tiene una foto de los Cinco cubanos. “Hipócritas, eso es lo que son Bush y los americanos”, dijo. “Hablan de luchar contra el terrorismo, pero mantienen a estos héroes en la cárcel por tratar de parar a los terroristas de Miami.

El famoso abogado defensor, Leonard Weinglass, ha tomado la apelación de Hernández después de una carrera que incluye la representación de algunos de los Siete de Chicago (Chicago Seven) a raíz de las manifestaciones en la Convención del Partido Demócrata en Chicago en 1968, y al ex-pantera negra y condenado a muerte, Mumia Abu Jamal. Weinglass persuadió al tribunal de apelaciones de que los acusados de espionaje no podían tener un juicio justo en Miami. Ahora su estrategia es conceder que hubo una violación técnica de la ley, pero que las acciones de su cliente fueron necesarias para salvar vidas.

“Si es atacado, ¿no tendría un país el derecho de enviar a sus agentes a otro país para lograr información?”, dijo Weinglass mientras se tomaba un mojito en el patio del famoso Hotel Nacional de Cuba. “Esa es la cuestión prioritaria de inteligencia”. Weinglass y las esposas y madres de varios de los agentes encarcelados lograron más aliados durante una presentación a un grupo legal de California en La Habana, entre los que se encontraba el ex legislador Demócrata, Esteban E. Torres.

“Es una injusticia legal”, dijo Torres. “Nos dice algo de nuestro gobierno y del sistema judicial y del servicio de inteligencia. Todo lo que puedan hacer para atacar a Fidel, lo hacen.” Aunque Castro nunca ha estado vinculado al caso, los expertos de inteligencia estadounidenses dicen que el líder cubano personalmente supervisa las misiones de espionaje de alta prioridad.

“Y es bueno”, dijo Latell, el autor del libro Después de Fidel. “Es muy pero muy bueno”.Alarcón dijo que mandarían más agentes a los Estados Unidos, aunque los expertos sobre Cuba mantienen que la amenaza de los exiliados—real o percibida—está disminuyendo.

Alarcón afirma que el director de la inteligencia nacional, John D. Negroponte, dijo recientemente que los Estados Unidos tienen más de 100,000 operativos de inteligencia. Cuba no tiene tantos operativos de inteligencia, dijo Alarcón, pero tiene más agentes que los Cinco ya conocidos. El verdadero número, dijo, “está entre esas cifras”.